Comentarios cachondos de los lectores a la saga de Irene
Comentarios cachondos de los lectores a la saga de Irene
Este es sin duda, el más morboso de todos los relatos que he
escrito. Dedicado a todos los lectores que disfrutan de buenos momentos y van
un poco más allá.
Meta-relato: El correo se llena de perras y de pollas
Os voy a contar lo que me llega estos días al correo, porque está muy caliente y porque sé que a más de una os va a poner cachondas.
Me llegan correos de lectoras. Mujeres que me escriben a las
dos de la madrugada, con el coño todavía húmedo y el marido dormido (o quizás
no). Me dicen que se ponen muy perras leyendo las aventuras de Irene. Que
cuando Jack le mete el dedo y ella quiere más, ellas también se tocan el culo.
Que cuando Malik se la mete hasta el fondo y el marido mira, ellas se corren en
silencio con los dedos dentro y los ojos clavados en la pantalla.

Una lectora me escribió contándome que leyó el del profesor
y el perro y se tuvo que levantar de la cama porque no aguantaba más; se puso a
cuatro patas en el baño, se abrió el culo con las manos y se masturbó pensando
en la lengua del pastor belga mientras su marido roncaba.
Otra me mandó un audio. Se oye el colchón crujiendo, la
respiración agitada de ella y la voz baja del marido diciéndole “sigue, sigue,
dile lo que quieres”. Ella gime, se oye el sonido húmedo de la polla entrando y
saliendo, y entre gemidos me propone ideas: “Deneb, que Irene se ponga el
antifaz y se ofrezca en el salón del club. Que los maridos la pasen de uno a
otro y ella les diga por dónde quiere que se la metan. Que cuando esté llena y
goteando, el perro le lama lo que le ha dejado el último”. El audio termina con
un orgasmo ahogado y el marido diciéndole “muy bien, puta”.

No son pocas. Algunas me mandan fotos de ellas mismas con un
antifaz de carnaval veneciano puesto, con el móvil en la mano, las piernas
abiertas, el coño jugoso y brillante. Otras me piden que las meta en el
siguiente relato: “ponme de rodillas al lado de Irene, que nos follen juntas,
que el negro nos empale a las dos y que mi marido lo grabe. Él se llama
Mauricio, por favor utiliza su nombre real que me dará aún más morbo”.
Y luego están los hombres. Esos sí que han llenado la
bandeja. Me escriben pidiendo el contacto directo de Irene. Quieren quedar con
ella. Follarsela y casi el 100 % de las veces, sodomizarla. Al menos decirle
guarradas por mensaje y mandarle fotopollas. Me han llegado tantas que ya las
clasifico por tamaño, por ángulo, por si llevan o no condón, por si se corren
en la foto o solo la muestran dura. Algunos las mandan con el texto: “díselo a Irene,
que se la imagine entrando hasta el fondo mientras Jack mira”. Otros son más
directos: “pásame su número, quiero correrme en su cara y que me lo trague”.
Sobre las fotos y el antifaz. Las que me mandan de “Irene”
(o de las que quieren ser Irene por una noche) casi siempre llevan el antifaz
negro de encaje o de tela opaca. Se lo ponen ellas mismas, o se lo pone el
marido antes de sacar la foto. El retoque se nota: se suaviza la piel, se
oscurecen un poco los labios del coño, se agranda ligeramente el contraste de
las nalgas abiertas. Pero el antifaz no es solo para ocultar. Es para que se
sientan más putas.

Me lo han dicho varias: “cuando me pongo el antifaz y me
fotografío así, con las piernas abiertas y el culo ofrecido, ya no soy yo. Soy
la Irene que lees. Me pongo cachonda solo de verme así”. Una me mandó tres
fotos seguidas: la primera con el antifaz puesto y un plug todavía dentro; la
segunda sacándoselo despacio, el agujero entreabierto; la tercera con los dedos
del marido abriéndola del todo mientras ella mira a cámara. En el mensaje
ponía: “así me pone leer tus relatos. Así me pongo. Dile a Irene que hay más
como ella. Me siento muy identificada”.
El correo no para y llegan mientras escribo este relato.
Otro que quiere fotos de Irene sin antifaz y que como se la encuentra un día en
el metro y la reconozca la va a meter mano sin cortarse. Cada vez que publico
algo de Irene me llegan más. Os dejo lo último, tal cual llega, porque sé que a
más de una os va a poner exactamente igual que a ellas.
Una lectora me escribió anoche. Me dijo que después de leer varios de Irene, le pidió a su marido un kit de tres plugs anales para Papá Noel, el 24 de diciembre. El marido se lo regaló esa misma tarde, envuelto en papel de regalo rojo. Ella se metió el de tamaño mediano en el baño, antes de salir hacia la cena familiar. Se lo dejó puesto toda la noche. Sentada a la mesa con los suegros, el cuñado, los niños y el abuelo, notaba el peso y la presión cada vez que se movía en la silla o se inclinaba a servir el turrón.
El
marido la miraba de reojo y sonreía. Ella me escribió que se mojó tanto que
tuvo que ir al baño a mitad de la cena a retocarse y a empujárselo un poco más
adentro. Desde entonces lo lleva siempre que hay visita familiar. Me dice que
ya no puede ir a casa de sus padres o de los suegros sin tener el culo ocupado.
“Si no lo llevo, me siento incompleta. Es como si Irene me estuviera mirando y
me preguntara por qué no estoy abierta, con el culo bien petado.”

Un lector me dio las gracias. Me escribió que desde que él y
su mujer leen los relatos, ella le hace las mejores mamadas de su vida. Ella
pasa todo el día cachonda; ahora se arrodilla, le agarra el culo, se mete la
polla hasta la garganta y no para hasta que se corre. Mientras chupa le dice
cosas que antes nunca decía: “Métemela como se la meten a Irene. Quiero
sentirla en la garganta como ella.” Él se corre más fuerte y ella se traga
todo. Me dice que le excita sobre manera mamarla pensando en los relatos de
Irene… y de Gemma.
Otra pareja me escribió para dar las gracias por el
descubrimiento del placer anal. La mujer siempre había tenido miedo. Después de
leer cómo Irene pide que le abran el culo y cómo se corre cuando se lo llenan,
le dijo a su marido que quería probar. Compraron un arnés con una polla enorme
de negro, gruesa y venosa. La primera noche él se la puso y se la metió
despacio mientras ella miraba. Ella gimió, se abrió y se corrió antes de que él
terminara. Desde entonces lo usan a menudo. Ella se pone a cuatro patas, él se
pone el arnés y la folla por el culo mientras los dos hablan de Irene y de cómo
se las follan en la orgias. “Gracias por enseñarnos que el culo también se
puede disfrutar de verdad”, me escribieron. “Ahora ella lo pide.”
Hubouna lectora que me pidió, casi suplicando: “Por favor, Deneb,
que se follen a Irene en transporte público. En el metro, en el autobús, en el
tren. Que Jack la siente en su regazo con la falda subida y alguien se la meta
por detrás sin que casi nadie se dé cuenta. Que ella tenga que morderse el
labio para no gemir mientras el vagón se mueve. Quiero leer cómo se corre en
silencio con la polla dentro y la gente alrededor.”

Y por último, un hombre argentino. Me ha escrito varias
veces. Ofrece dinero por una cita con Irene. Convertir a Irene en una puta de verdad. Quiere que ella se vista con
cierta ropa, obviamente, muy sexy: medias de red negras hasta la ingle, falda
corta que no tape nada, blusa transparente sin sujetador y el antifaz negro.
Dice que está dispuesto a pagar lo que haga falta con tal de que ella se
presente así, se arrodille, se la chupe y luego se deje follar por el coño y
por el culo mientras él le dice guarradas y le manda las fotos después. “Dile
que si quiere, me la llevo a un hotel de Buenos Aires, yo la pago el avión y la
petaré el orto toda la noche. Que Jack mire si quiere, o que se quede fuera. Pero que
venga vestida exactamente así de puta.”
Sigo leyendo. Sigo escuchando los audios, mirando las fotos
con el antifaz y las pollas que me mandan. Y sigo escribiendo. Porque cada vez
que Irene se abre, hay más mujeres reales que se ponen el plug antes de la cena
familiar, que se que trabajan la pollas de sus maridos hasta los cojones, que
descubren lo maravillo que es que las follen el culo con un arnés negro, y que
piden que las follemos en el metro. Decenas de hombres son los que están
dispuestos a pagar por ser el que se la mete y a comprarla su bragas y sus
medias usadas en Wallapop.
Si alguna está leyendo esto ahora con el plug dentro o con
la boca todavía sabiendo a la polla de su marido, o si alguno está con la polla
dura pensando en cómo vestiría a Irene… ya sabéis que mi correo electrónico está
a vuestra disposición. Seguid mandando, que esto es lo más divertido.
Yo leo los correos, escucho los audios, miro las fotos y las
pollas que me mandan, y luego escribo. Porque sé que mientras Irene se abre el
culo para el negro o para el perro, hay mujeres reales que se están tocando
igual, que se están ofreciendo a sus maridos igual, y que quieren más. Y
también sé que hay hombres que se están pajeando con la idea de ser el que se
la mete mientras el marido mira, o el que le dice guarradas al oído mientras
ella gime, o el marido que la pone inmensos rabos a disposición, compartiendo a su zorra con generosidad.
Si alguna de vosotras está leyendo esto ahora mismo con el
coño mojado y el marido cerca, o si alguno está con la polla en la mano
pensando en Irene… contadmelo. Ya sabéis lo que pasa cuando os
ponéis de perras leyendo.
Seguid mandándome correos. Seguid proponiendo. Seguid
poniéndoos el antifaz mandándome vuestras fotos. El siguiente relato ya tiene
material de sobra.
Dedicado a la comunidad de Todorelatos.com, la mayor web del mundo en relatos eróticos en nuestra lengua: Gracias, Alex.
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Si os ha gustado el relato, por favor, volved a Todorelatos.com, valorad y comentar. ¡Gracias y Besos de Irene!

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